SIN EXCLUSIÓN
La clasificación a los pecados refiriéndonos a algunos más pequeños o más grandes que otros han sido una de las causas principales de creernos mejor que el otro o viceversa. Es necesario que con el fin de evitar esta clasificación comprendamos el terrible significado del pecado, el inmenso daño que ocasiona, sus causas y consecuencias.
No
existe tal cosa como pecados capitales, pecados leves, graves o pecados
piadosos, sino pecado es pecado. La diferencia entre cada pecado, por ejemplo
la mentira y el asesinato, son sus consecuencias, que el primero no va a la
cárcel pero el segundo sí, pero delante de Dios no existen diferencias porque
Dios mira lo que no ve el hombre: el corazón.
El
corazón del hombre se refiere a su alma, sus pensamientos. Los pensamientos del
hombre son conocidos por Dios, y Él conoce nuestras verdaderas intenciones.
“Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad
de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su
corazón era sólo hacer siempre el mal.” Génesis 6: 5 (LBLA)
La
maldad en cada corazón del ser humano nos ha contaminado convirtiéndonos en
enemigos de Dios. Es ese pecado el que no nos permite conocerle, nos incapacita
para seguirlo, nos direcciona al infierno. Mas fue ese pecado el que Dios pagó
con su sangre a fin de darnos nueva vida y entrada a su reino.
“…todos hemos pecado; nadie puede
alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. Sin embargo, Dios
nos declara justos gratuita y bondadosamente por medio de Cristo Jesús, quien
nos liberó del castigo de nuestros pecados. Pues Dios ofreció a Jesús como
el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de
Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre…”
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