PEDID Y SE OS DARÁ
Pedirle a Dios es importante (Mateo 7: 7) porque es el que pide el que recibe. Pero debes estar en su voluntad, disfrutando obedecer sus mandamientos, para que el Señor conceda tus peticiones.
“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las
peticiones de tu corazón.” Salmos 37: 4 (LBLA)
Puedes
estar pensando que el Señor no te ha dado lo que le has pedido porque está
ocupado, no tiene tiempo para ti, o cualquier otra mentira, pero la verdad es
que no recibes lo que pides porque solo pides para tus vanos deseos, no
conforme a la voluntad de Dios.
“Piden y no reciben,
porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres.”
Santiago 4: 3 (NBLH)
Debemos
pedirle a Dios como conviene, es decir, según su voluntad. Por lo tanto, antes
de pedirle a Dios examinemos nuestros corazones. Si en verdad estas caminando
en la voluntad de Dios entonces el Espíritu Santo te convencerá de lo
siguiente:
“Si observo iniquidad en
mi corazón, el Señor no me escuchará.” Salmos 66: 18 (NBLH)
La
Biblia no solo nos enseña la voluntad de Dios, sino también es un espejo que
nos muestra lo malo que hay en nuestro corazón para corregirlo a fin de hacer
la voluntad de Dios. Si en verdad pedimos conforme a su voluntad entonces Dios
nos dará lo que le pedimos, porque no pediremos para nuestros vanos deseos sino
para lo que en verdad nos conviene.
“Y esta es la confianza
que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su
voluntad, El nos oye.”
1 Juan 5: 14 (RVR 1960)
Dios
nos da lo que le pedimos y en verdad necesitamos, por eso es importante que
comprendamos que es lo que necesitamos. Salomón, el rey con mayor riqueza en
toda la historia, entendió lo que en verdad necesitaba y así le pidió a Dios:
“Entonces Salomón dijo a
Dios: Tú has mostrado gran misericordia con mi padre David, y me has hecho rey
en su lugar. Ahora, oh Señor Dios, tu promesa a mi padre
David se ha cumplido, porque me has hecho rey sobre un pueblo tan numeroso como
el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y conocimiento, para que pueda
salir y entrar delante de este pueblo; porque, ¿quién podrá juzgar a este
pueblo tuyo tan grande?”
2 Crónicas 1:8-10 (LBLA)
Salomón
no le ordenó a Dios, ni le reclamó sus promesas, sino lo alabó por su
misericordia y le pidió conforme a su voluntad.
“Y dijo Dios a Salomón:
Por cuanto esto estaba en tu corazón, y no has pedido riquezas, ni bienes, ni
gloria, ni la vida de los que te odian, ni aun has pedido larga vida, sino que
has pedido para ti sabiduría y conocimiento para poder gobernar a mi
pueblo sobre el cual te he hecho rey, sabiduría y conocimiento te han sido
concedidos. Y te daré riquezas y bienes y gloria, tales como no las tuvieron
ninguno de los reyes que fueron antes de ti, ni los que
vendrán después de ti. Y Salomón salió del lugar alto que estaba
en Gabaón, de la tienda de reunión, a Jerusalén, y reinó sobre Israel.”
2 Crónicas 1: 11-13 (LBLA)
Tu
no necesitas gloria, ni bienes, ni siquiera salud física sino hay una necesidad
mayor que solo será saciada cuando se la pidas a Dios. Necesitas ser salvo, si
es que aún no lo eres. Necesitas tener fe, si es que aún no la tienes.
Necesitas que el amor de Dios repose en tu vida. El Señor sabe que esa es tu
necesidad primera, por eso envió a Jesucristo, a fin de que en su muerte
podamos morir a este mundo para que en su resurrección vivamos en esperanza
para Jesucristo. No solo debes pedirle a Dios que te perdone sino necesitas
rogarle que te salve de la condenación que mereces en el infierno, porque el
Señor dice:
“Clama a mí, y yo te
responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”
Jeremías 33: 3 (RVR 1960)
Clama
a Dios misericordia. Presentante, hoy mismo ante El por medio de la Obra
Redentora de Jesucristo, porque hoy es el día de tu salvación. Jesucristo murió
para darte vida, resucitó al tercer día venciendo a la muerte y el pecado y
ascendió a los cielos para sentarse a la diestra del Padre e interceder por
aquellos que en verdad claman a Dios misericordia, creyendo en Jesucristo como
el Señor y único Salvador de sus vidas.
“El discurso ha
terminado. Ya todo ha sido dicho. Honra a Dios y cumple sus mandamientos,
porque eso es el todo del hombre”
Eclesiastés 12: 13 (DHH)
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