LO QUE ME HACE BIEN
Rachel Farrokh pensó que dejar de comer le haría bien a su vida, tendría mayor atención de los hombres, envidia de las mujeres, y se sentiría mejor con su propio peso, pero no midió las verdaderas consecuencias de los trastornos alimenticios. -Con la comida no se juega-, es lo que comúnmente las madres nos decían cuando en vez de comernos lo que ellas nos servían hacíamos cualquier otra cosa. Este es un consejo de amor de una madre más que una frase popular, porque busca el bienestar y el cuidado de sus hijos. Dios, que es bueno, mucho más bueno que cualquier madre o padre en el mundo, cuida de los hombres dándoles comida para que coman, pero el hombre debido a su maldad y a su engañoso corazón, ha preferido el vicio de las drogas o de las apariencias, antes que disfrutar de la comida que el Señor le da.
“¿Qué hombre hay de
vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un
pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar
buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los
cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Mateo 7: 11(RVR 1960)
La
anorexia nerviosa, es el nuevo nombre que le han puesto a esta tendencia de no
comer para no engordar. Aunque actualmente es conocida como una enfermedad
mental, verdaderamente esto es consecuencia del Pecado original y del
crecimiento de la maldad en el mundo, por lo tanto, este trastorno no puede ser
erradicado por tratamientos psicológicos como el psicoanálisis sino únicamente
un milagro de Dios puede salvar a un esclavo de este pecado.
Estaban
los discípulos de Jesucristo tratando de sanar a un lunático, pero sus
esfuerzos eran en vano, porque nada podían hacer para librarlo del demonio
que lo atormentaba. El padre del
muchacho se encontraba desesperado porque su hijo no sanaba, entonces fue ante
Jesús para interceder por su hijo.
“Cuando llegaron a la
multitud, un hombre se acercó a Jesús y se arrodilló delante de él. —Señor, ten
compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en
el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo.
—¡Ah, generación incrédula y perversa! —respondió Jesús—. ¿Hasta cuándo tendré
que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme acá al
muchacho. Jesús reprendió al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó
sano desde aquel momento. Después los discípulos se acercaron a Jesús y,
en privado, le preguntaron: —¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? —Porque
ustedes tienen tan poca fe —les respondió—. Les aseguro que si tienen fe tan
pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de
aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.”
Mateo 17: 14-20 (NVI)
Lo
que ocurrió con el joven es semejante a lo que acontece con personas como
Rachel Farrokh. La respuesta de Dios para los familiares, amigos, conocidos y,
aun para estas personas, es que no duden en que solo Dios puede librarlos de
aquella esclavitud porque para Dios no hay nada imposible. Confíen en Dios y
pídanle, no dudando en que Él tiene el poder para salvar sus vidas por medio de
Jesucristo, y Él les concederá las peticiones de su corazón.
“Pidan, y se les dará;
busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide,
recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.”
Mateo 7: 7-8 (NVI)
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