LLAMADO AL ALTAR

 En muchas iglesias se ha introducido este falso llamado divino, en donde predicadores posmodernos, guiados por el psicoanálisis, predican un evangelio facilista en donde quien persuade y convence no es Dios sino el predicador a través de vanas palabrerías que inducen a un mover de emociones que no producen un genuino quebranto sino un espejismo del verdadero arrepentimiento, es decir, solo remordimiento.

Carlos Finney fue quien empezó a fortalecer esta idea humanista del llamado al altar, donde a través de sus enseñanzas llamaba a muchos a acercarse al pulpito para que repitieran una oración que parece ser el rezo diario de quienes se hacen llamar así mismos evangelistas. El problema de ellos no es que carezcan de títulos universitarios o de estudio de seminarios cristianos, porque muchos de ellos lo tienen, sino que no se conformaron al sencillo evangelio de nuestro Señor Jesucristo, prefiriendo añadir falsas ideas de lo que significa en verdad el cristianismo. Cristianismo no es una religión mas sino es auténtica vida, como resultado del arrepentimiento y la fe en Cristo.

Los falsos predicadores, aunque sean tantos (si pudiéramos nombrar cada uno, creo que tendríamos varios libros llenos de sus nombres) no podrán nunca mover la fe del verdadero creyente. Ellos son los que algún día se levantaran contra la verdadera iglesia (genuinos hijos de Dios) dentro de la misma congregación, pero mientras aun tengamos pastores y maestros que tienen cimientos firmes y de esta manera predican de la Palabra de Dios escuchémoslos dichosamente. Muchos de ellos, como John Macarthur, John Pipper o R.C. Sproul partirán de este mundo, por lo tanto, no siempre estarán con nosotros, mas Jesucristo sí, porque así lo prometió, entonces aun cuando se vayan de este mundo, aquellos predicadores de la sana doctrina, permanezcamos firmes en el Señor y seamos también siervos que proclamen con valentía el precioso evangelio de Cristo.

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