LA VIDA QUE NO OLVIDAREMOS
Tom era un hombre que aparentaba bondad ante un mundo de gente, no parecía ser un hombre en quien desconfiar porque era estudiado, reconocido y con una hermosa familia, pero esto no fue suficiente para evitar que la maldad que había en su corazón saliera a relucir. Realmente no ha nacido hombre bueno en este mundo sino solo Jesucristo. Jesucristo vino a este mundo a salvar lo que se había perdido, es decir a nosotros. Nosotros andamos sin camino y dirección desde que nacemos porque nacemos contaminados con la maldad del pecado. Aun los fariseos que eran conocidos entre su pueblo por ser los más caritativos, bondadosos, amadores de Dios, celosos de la ley, es decir, los intachables y ejemplos a seguir, no conocían a Dios porque ante Dios eran hipócritas. Dios no quiere a hombres que se dediquen a hacer buenas obras porque el hombre en sus pecados a muerto, por lo tanto, como hombres, debemos primeramente arrepentirnos ante Dios por no andar bajo su voluntad y creer en Jesucristo, en que solo la Obra de Jesucristo nos puede salvar, porque no son nuestros méritos los que nos dan salvación sino únicamente el mérito de Jesucristo.
Puedes
pensar que no has hecho nada malo, que tus obras son suficientes para darte
salvación y vida, después de la muerte, pero verdaderamente estas equivocado.
Eres un pecador olvidadizo si piensas que no has hecho nada malo que sea digno
de muerte, eres un pecador ignorante si crees poder ser justificado ante Dios
por tus méritos. Estas repitiendo la misma historia de Tom al olvidarte del
crimen que has cometido. Debo de recordarte lo que tú misma conciencia te ha
dicho: eres un pecador, eres malvado, has cometido un crimen ante Dios. El
crimen que te ha alejado de Dios es rebelarte directamente y vergonzosamente
ante El. El crimen comenzó con Adán y Eva, los primeros hombres de la tierra, y
ha continuado hasta nuestros días. Tú y toda la humanidad ha nacido con el
deseo de hacer solamente el mal, lo que naturalmente nos ha llevado a hacer las
cosas mal. Mas Dios muestra su amor para con nosotros en Cristo quien murió por
nosotros a fin de pagar con su sangre el precio de nuestra rebelión. Cree en
Jesucristo para nacer en Jesucristo, en nueva vida, a fin de no glorificar a tu
carne sino solo a Dios, a fin de no morir eternamente sino vivir eternamente.
Jesucristo, aunque murió, también resucitó al tercer día, dejando la tumba
vacía, para ascender a los cielos e interceder ante el Padre por aquellos
individuos que le creen, recibiendo gozosamente el regalo inmerecido de la
Salvación.
“No os acordéis de las
cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.”
Isaías 43: 18 (RVR 1960)
Dios
hace cosas nuevas, solo Él puede darnos nueva vida. La verdadera Vida es la
vida que no se olvida. La verdadera Vida es Jesucristo y si verdaderamente
vives en Cristo no olvidaras sino te gozaras en cada uno de sus mandamientos.
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