LA TRISTEZA SE CONVERTIRÁ EN GOZO
La tristeza es el producto de no encontrarle significado a la vida. La tristeza es dolorosa y difícil de soportar pero es un sentimiento que nace en el corazón del hombre. La tristeza no se debe evadir, sino enfrentar, para entender que le falta a la vida para que deje de ser insuficiente.
Actores
reconocidos de Hollywood son alabados por su hipocresía, por su falsa vida, por
su personalidad sin sentido, porque aunque tienen dinero, fama, y
reconocimiento, verdaderamente no hay sentido a su vida sino completa
ineficacia. Los actores de Hollywood son un ejemplo entre muchos, pero es un
ejemplo que, lamentablemente, dirigen a multitud de audiencia a imitar su falsa
vida, y lo más lamentable es que en su gran mayoría no solo nacieron en un
hogar cristiano sino en una nación fundada con bases bíblicas, Estados Unidos.
La
tristeza no debe ser tapada, como el estiércol de una vaca debajo del tapete de
una casa, porque su consecuencia será peor que su providencia. La única manera
de evitar el estiércol, la tristeza en tu casa que es tu vida, es eliminando
este desecho de tu corazón no permitiéndole la entrada.
El
hombre sufre constantemente, su tristeza lo ha conducido sin darse cuenta a un
círculo vicioso que día tras día empeora su situación de búsqueda por la
felicidad. La vida del hombre en su propia naturaleza ha sido manchada y
menospreciada, porque ese sentimiento de agonía tan solo es resultado de que
existe un problema en el ser del hombre que solo puede ser resuelto por su
Creador.
Gracias
a Dios por la Biblia, porque ella nos enseña que el problema del hombre es
explicado por su historia. La historia de la humanidad empieza en un lugar
seguro que el Creador les asigno pero en ese mismo lugar el hombre fue probado
por su Creador a fin de darles el privilegio de escoger en su propia libertad
obedecerle, mas el hombre prefirió ser engañado por la maldad al pensar que
podría hacerse igual a Dios. El primer hombre se llamó Adán y aunque pecó,
junto con su esposa, es primeramente a Adán a quien Dios llama a responder por
sus actos, mas su cobardía lo llevo a culpar a su esposa, y su esposa terminó
echándole la culpa a la serpiente que es el engañador. En ese momento Dios
promete salvación al hombre por medio de la sangre de un hombre perfecto, puro,
sin mancha, sin pecado, es decir por un hombre nacido virginalmente porque no
nacería de un hombre sino del Espíritu Santo, por lo tanto seria llamado hijo
de Dios, NO hijo de la virgen, ni hijo del pecado, sino hijo del Dios
Todopoderoso. Pero no era inferior a Dios porque Dios mismo había prometido que
sería El mismo quien salvaría al mundo (Salmos 61: 2), entonces el Salvador
seria Dios mismo en forma de hombre pero sin pecado.
Cuando
la humanidad de esta actualidad comprenda que las Escrituras son inspiradas por
Dios, es decir, que la Biblia es totalmente la Palabra de Dios, entonces
comprenderá que la esencia misma de la Palabra es el Salvador. La Biblia nos
afirma que el Salvador de nuestra vida no pueden ser los ritos, ni la
religiosidad, ni la hipocresía, sino solo Dios. El Salvador, nos dicen las
Escrituras, vino a este mundo y habitó entre nosotros y su nombre es Jesucristo
(lea Juan 1). Jesucristo estableció salvación para nosotros a fin de que no
muramos sin conocerle, no muramos sin que ese vacío sea llenado por,
únicamente, El. Mas el vacío de nuestra vida no podrá ser llenado NUNCA por
Dios si nuestra naturaleza egoísta, odiosa, corruptible sigue siendo la misma,
porque DIOS NO LLENA AGUA LIMPIA EN VASOS SUCIOS, sino es necesario que nuestro
hombre lleno de corrupción y avaricia sea primeramente muerto. Por eso la
salvación que Jesucristo nos dio fue su muerte, sepultura y resurrección, que
significa para los que creen: muerte del Salvador como redención por nuestra
maldad, sepultura de nuestra perversidad en lo más profundo del mar, para
siempre, y la resurrección de Jesús es la Victoria frente a la muerte.
“Si en esta vida solamente esperamos en
Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. Mas ahora
Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es
hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un
hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos
mueren, también en Cristo todos serán vivificados.”
1 Corintios 15: 19-22 (RVR 1960)
Es
en el evangelio, en este evangelio, que nuestra vida será renovada si en verdad
creemos en el poder de Dios.
La
salvación es Jesucristo, Jesucristo es el Camino, el Camino es la vida eterna y
TODO lo demás es muerte. La salvación es dada por gracia a los hombres, la vida
eterna es regalo de Dios y, solo Jesucristo es el Camino.
Ahora
espero que el verdadero creyente encuentre esperanza en las siguientes
palabras. Como nuevas criaturas nuestra vida no termina como comenzó sino como
fue concebida por nuestro Creador. Por lo tanto, nuestra esperanza solamente
está en Dios.
“En Dios solamente está
acallada mi alma; de él viene mi salvación” Salmos 62: 1 (RVR 1960)
No
es por nuestras obras que somos salvos sino por su gracia, a fin de que nadie
se jacte delante de Dios. No tenemos de que ufanar delante de los hombres
porque fue Dios quien nos salvó sin mérito alguno nuestro. En este mundo solo
podemos esperar en el Señor pero no podremos hacerlo con completa dicha en
medio de la suciedad en que está encerrado este sistema, por lo tanto es normal
que sintamos tristeza por las desdichas que nos aqueja la sociedad.
Un
genuino creyente no es aceptado por este sistema, como tampoco es deseo del
creyente participar de los deseos del mundo, pero si es un profundo anhelo en
su corazón la salvación de todos los hombres. Aun así esta desdicha de ver la
vanidad de la humanidad le congoja el alma a tal punto que siente tristeza por
la decadencia de la creación más especial de Dios. Esta tristeza es normal pero
debemos consolarnos en las escrituras porque solo en la Palabra de Dios podemos
encontrar completa seguridad.
No
desfallezcamos, no nos rindamos, ni tampoco dejemos de hacer lo bueno porque
nuestra labor no se centra en los resultados de nuestra obediencia sino
solamente en la obediencia a Dios, aunque por los hombres seamos odiados,
vulnerados, engañados o juzgados. No podemos hacer nada fuera de Dios, por lo
tanto, necesitamos continuamente de Dios y, aquella necesidad de Dios, es
también el anhelo y deseo de la venida de Jesucristo, porque nuestro gozo será
completado en la segunda venida de Jesucristo.
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