LA PAZ

La paz ¿será simplemente “ausencia de guerra”? O más bien su significado está más relacionado con la justicia. La verdadera justicia es lo que deseamos, pero ¿cómo la obtendremos? No hay justicia en este mundo sino solo tristeza, amargura y confusión inundando las vidas de muchos hombres y mujeres.

Es causa de angustia ver cómo nuestra nación es gobernada por tiranos, hombres y mujeres que han desarrollado en su vida un corazón corrupto, que tienen sus ideales por encima de cualquier persona. Y aquello que observo me lleva a preguntar ¿Cuál es la diferencia entre ellos y yo? ¿Cuál es la diferencia entre ustedes y el gobierno?

No existen argumentos razonables que me lleven a pensar en algo diferente que en la verdad de las Escrituras: “…todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3: 23). Hemos pecado ya sea de pensamiento o en hecho, y pecar significa que no hemos hecho lo que es justo, lo que Dios nos ha dicho, que es hacer justicia, amar misericordia, y obedecer humildemente a Dios (lea Miqueas 6: 8).

Tengo hambre y sed de justicia para mi nación, pero es importante que nuestra voluntad se someta a la voluntad de Dios para que sea satisfecha, en verdad, la justicia de Dios. Dios mismo tomó forma de siervo, de hombre, para darnos la paz, la verdadera paz. Jesucristo dijo, antes de ascender a los cielos:

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” Juan 14: 27 (RVR 1960)

Sometámonos a Dios, humillémonos como pueblo ante Él, reconociendo que en verdad necesitamos de su salvación ofrecida en la cruz del calvario para el perdón de nuestros pecados.

Pablo, “el judío de judíos” en su pasada manera de vivir, sometido a la ley antes que a Dios, deseoso de una justicia humana pensando que en su obrar agradaba a Dios cuando en verdad lo estaba persiguiendo, quien despreciaba a los gentiles (quienes no hacían parte del pueblo de Israel) pensando que no tenían favor de Dios, comprendió por revelación de Dios y escribió:

“Ahora bien, ¿llegamos a la conclusión de que los judíos somos mejores que los demás? ¡Para nada! Tal como acabamos de demostrar, todos —sean judíos o gentiles— están bajo el poder del pecado. Como dicen las Escrituras:

«No hay ni un solo justo,
    ni siquiera uno.
Nadie es realmente sabio,
    nadie busca a Dios.
Todos se desviaron,
    todos se volvieron inútiles.
No hay ni uno que haga lo bueno,
    ni uno solo».
«Lo que hablan es repugnante, como el mal olor de una tumba abierta.
    Su lengua está llena de mentiras».
«Veneno de serpientes gotea de sus labios».
«Su boca está llena de maldición y amargura».
«Se apresuran a matar.
Siempre hay destrucción y sufrimiento en sus caminos.
No saben dónde encontrar paz».
«No tienen temor de Dios en absoluto».

Obviamente, la ley se aplica a quienes fue entregada, porque su propósito es evitar que la gente tenga excusas y demostrar que todo el mundo es culpable delante de Dios. Pues nadie llegará jamás a ser justo ante Dios por hacer lo que la ley manda. La ley sencillamente nos muestra lo pecadores que somos.

Pero ahora, tal como se prometió tiempo atrás en los escritos de Moisés y de los profetas, Dios nos ha mostrado cómo podemos ser justos ante él sin cumplir con las exigencias de la ley. Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.

Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. Sin embargo, Dios nos declara justos gratuita y bondadosamente por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado, porque miraba hacia el futuro y de ese modo los incluiría en lo que llevaría a cabo en el tiempo presente. Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque él mismo es justo e imparcial, y declara a los pecadores justos a sus ojos cuando ellos creen en Jesús.

¿Podemos, entonces, jactarnos de haber hecho algo para que Dios nos acepte? No, porque nuestra libertad de culpa y cargo no se basa en la obediencia a la ley. Está basada en la fe. 2Así que somos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe y no por obedecer la ley.

Después de todo, ¿acaso Dios es solo el Dios de los judíos? ¿No es también el Dios de los gentiles? Claro que sí. Hay solo un Dios, y él declara justos a judíos y gentiles únicamente por medio de la fe. Entonces, si hacemos énfasis en la fe, ¿eso significa que podemos olvidarnos de la ley? ¡Por supuesto que no! De hecho, solo cuando tenemos fe cumplimos verdaderamente la ley.”

Romanos 3: 9-31 (NTV)

Los apóstoles de Jesucristo respondieron, de la misma manera, a la pregunta ¿Cómo podré ser salvo del pecado que he cometido, de las maldades que he hecho, de la justa ira de Dios por mis transgresiones? Con una respuesta sencilla pero verdadera:

“…Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa…”  Hechos 16: 30-32 (RVR 1995)

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA SALVACION ESTA DETERMINADA POR DIOS PARA TODOS

¿CESACIONISMO, CONTINUISMO O CONTINUACIONISMO?

EL CONOCIMIENTO ENVANECE