LA HUMANIDAD SE COMPLACE EN SENTIRSE MALTRATADA
El masoquismo es la complacencia de sentirse humillado, y esa tendencia es parte de una naturaleza totalmente corrompida.
En
los noviazgos y amistades es más evidente este fenómeno porque quienes nos
maltratan o desvaloran como personas, no respetando nuestra integridad, son a
quienes más rendimos pleitesía pero estos son como cerdos que no debemos
lanzarles piedras preciosas, es decir invertirles nuestro tiempo, nuestras
fuerzas y nuestras vidas, porque no saben valorar aquello tan valeroso que les
damos.
Este
fenómeno (el masoquismo) también se repite en nuestra familia, irrespetando a
aquella madre que con tanto amor nos habla o aquel padre que cuida por nuestro
bienestar. Es este masoquismo el reflejo
de nuestra sociedad, una sociedad que elige tiranía en vez de soberanía, que
elige odio en vez de amor, que elige esclavitud en vez de libertad, que elige
pecado en vez de a Cristo.
Disfrutar
el rechazo es contrario a la Palabra de Dios, no vamos ni debemos disfrutarlo,
aunque tampoco nos vamos a vengar por ello. En esta actualidad de “la nueva
era-vieja herejía” hay muchos que afirman que debemos andar tolerando todo,
como afirmó la era hippie, pero el que en verdad piensa de esta manera ha
confundido la palabra manso con menso porque esto es de aquellos que han
menospreciado el valor que Dios les ha dado al morir en esa cruz.
No
debemos sentir gozo en la humillación que el hombre nos hace porque solo ante
Dios debemos humillarnos y con los hombres presentar humildad. La humildad se
consigue solo cuando eres fiel a la Palabra de Dios no buscando agradar al
hombre antes que a Dios.
La
humildad solo la podremos disfrutar cuando veamos a nuestro hermano o hermana
como nosotros, con sus luchas, sus batallas, sus debilidades, sus flaquezas,
sus fortalezas y sobretodo con una necesidad tremenda de Dios, por lo tanto con
esa mirada podremos hablarle en amor, sin creernos mejor que él o ella, pero
tampoco peor. Seamos humildes como el amor de Dios nos conduce pero no
contemplemos las humillaciones de los hombres sino pongamos siempre nuestra
mirada en Jesucristo.
Las
palabras que el Señor da a aquellos hombres y aquellas mujeres que por el amor
de Dios han entregado su vida por la causa de Jesucristo y del evangelio son:
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra
vez digo: ¡Regocijaos!”
Filipenses 4: 4 (RVR 1960)
Hermano
y hermana no decaigan frente a la adversidad, no se acomoden a este leve
sufrimiento, sino regocíjense en el Señor. Y finalmente:
“Por nada estéis afanosos, sino sean
conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con
acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses
4: 6-7(RVR 1960)
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