LA HOSPITALIDAD
Muchos pasajes de la Biblia nos hablan de la hospitalidad, de asistir a los necesitados, de recibir bien al extranjero, porque Dios quiere que nosotros, sus hijos, demos de lo que hemos recibido a otros (Mateo 10:8).
Como cuerpo de Cristo debemos expresar el anhelo de
agradar a Dios con todo nuestro corazón, por medio de la hospitalidad:
·
Mostremos con sinceridad nuestra hospitalidad, quizá
hospedemos a ángeles, pero ¿qué tal si los rechazamos? (Hebreos 13:2)
·
Entre hermanos debemos ayudarnos mayormente, y
colaborarnos en nuestras necesidades (Romanos 12:13)
·
Hagámoslo con amor y completa espontaneidad, sin
murmurar (1 Pedro 4:9)
·
Con los extranjeros debemos dar mayor testimonio de
hospitalidad (3 Juan 1:5)
·
Seamos sencillos, si queremos agradar a Dios seamos coherentes
con nuestro proceder (Isaías 58:7)
En toda nación seamos hospitalarios, en unas de una forma
diferente que en otras, pero en todas acompañemos y oremos por el enfermo,
suplamos las necesidades del que no tiene, etc. Esas obras son reflejo de la
obra de Dios en tu vida.
La hospitalidad, aunque es muy importante, no debe hacerse
sin la evangelización, porque es compartir el mensaje de Dios la mayor muestra
de amor. Muchos cristianos piensan “¡oh
con ese dinero o con esa posición yo puedo servir mejor a Dios y alimentar a
muchos pobres!”, pero Jesucristo rechazó esa idea porque no es lo que
tenemos lo que comparte a otros sino es el Espíritu Santo el que transmite el
MENSAJE DE PAZ a través nuestro.
Oremos al Señor para que su gracia nos envié a predicar su
Palabra, como nos ha sido encomendado, a todas partes y a todos los rincones
del mundo.
“No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis
y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al
Padre en mi nombre, él os lo dé.”
Juan 15:16 (RVR 1960)
El hombre es cuerpo, alma y espíritu, por lo tanto, como
seres humanos, debemos amar a Dios en tres dimensiones:
“Jesús le dijo:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente.”
Mateo 22: 37 (RVR 1960)
Como Iglesia, miembros de un mismo cuerpo, debemos mostrar
el amor que tanto decimos que tenemos: yendo, orando y contribuyendo, para el
cumplimiento del deseo de Jesucristo en el mundo: que todos procedan a un
sincero arrepentimiento para ser reconciliados con Dios. Recordemos que estamos
en una guerra que no se enfrenta con armas humanas, pues no es contra humanos
la guerra sino es contra principados, potestades, contra la misma muerte,
contra el diablo. Nuestra guerra también es contra nuestra propia carne, por
ello debemos resistir al diablo y andar en el espíritu, reconociendo a nuestro
Señor y buscando agradarle solamente a Él, porque así andaremos de victoria en
victoria, y seremos más que vencedores en Jesucristo.
“Tú, pues, sufre
penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en
los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.”
2 Timoteo 2:3-4 (RVR 1960)
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