EL SUSURRO APACIBLE DE DIOS
El hombre que había predicho la sequía en su pueblo fue el mismo que se burló de los cuatrocientos cincuenta profetas de baal para demostrar a su pueblo que Jehová es el verdadero Dios y que no hay otro fuera de Él. También fue el mismo que Dios usó para dar al rey la buena noticia de una lluvia. Este hombre llamado Elías se encontraba en medio del desierto, huyendo de quienes buscaban su muerte. Aquel profeta habiéndose olvidado de la bondad de Dios con tristeza en su corazón y levantando su mirada al cielo le pidió a Dios que le quitara la vida.
Elías, el
profeta de Jehová que mató a los profetas de baal y pidió fuego de Dios y le
fue dado. Este Elías ahora estaba enfrentando un desierto que no podía evitar.
En algún
momento de nuestra vida cristiana enfrentaremos la soledad. Estaremos
totalmente solos en el desierto para entender que aun en medio de la tristeza y
decepción Jesucristo NUNCA nos abandonará. Es necesario un tiempo de intimidad
completa con el Señor para que le conozcamos más.
Elías estaba
angustiado. Elías se dejó amedrantar por Jezabel olvidándose de su Señor.
Podemos ver que Elías era un ser humano y aunque huyó de su enemigo, el Señor
nunca lo abandonó, y mucho menos le juzgó sino por el contrario le confortó y
animó para que volviera de donde huía recordando que su Señor nunca le
abandonaría.
Hoy puedes
estar en el desierto huyendo de tu enemigo. Quizás sean las deudas, la falta de
compañía o alguna otra preocupación, pero recuerda que Dios prometió nunca
abandonarte, por lo tanto escucha el silbo apacible y delicado de Dios y vuelve
a su camino. No huyas del enemigo y enfréntalo en el nombre de Jesucristo
porque para que puedas vencer debes en verdad creer que Jesucristo ya venció
por nosotros.
“Si, pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de
arriba, donde esta Cristo, sentado a la diestra de Dios.”
Colosenses 3:1
(RVR 1960)
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