DETRÁS DEL PECADO SOLO HAY DESTRUCCIÓN
El pecado no se muestra de manera desagradable, sucia ni oliendo a feo, sino por el contrario, tiene un buen olor, llama la atención de nuestros ojos y de cada uno de nuestros demás sentidos. El pecado se muestra como una prostituta, llamando de manera seductora para hacer caer a cualquier simple.
“Si bien
hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la
puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.” Genesis 4: 7 (RVR 1960)
La maldad está asechando en nuestra mente a diario, pero
nosotros tenemos el poder, en Jesucristo, de vencer estos pensamientos con el
poder de la Palabra de Dios.
“Yo soy la vid,
vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho
fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5 (RVR 1960)
“Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:13 (RVR 1960)
“¿Con qué
limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” Salmos 119:9 (RVR 1960)
En nuestro caminar como cristianos no solo debemos
aprendernos estos versículos de memoria sino andar en la verdad de los mismos,
haciendo morir en nosotros todo aquello que nos corrompe, nos ensucia y nos
aleja del amor de Dios. Aunque el pecado se muestre agradable siempre llevara
consigo destrucción, por lo tanto, como alguna vez escuche de alguien: el
pecado siempre trae el sufrimiento, pero el sufrimiento genuino evitara el
pecado, es decir, darle la espalda al pecado es una decisión que puede llevarnos
a ser vituperados por el mundo, padeciendo sufrimiento, aunque esto cause dolor
su fruto es genuino y delicioso, ese fruto se llama integridad.
SU GRACIA ES SALVARME
Muchas sectas como la de “cayendo en gracia” afirman que
la muerte, sepultura, y resurrección de Jesucristo dan entrada a todos los
hombres al cielo, crean o no crean. La Gracia es un favor no merecido, un
regalo de Dios al hombre. Este regalo de Dios es claramente anunciado en toda
la Biblia: la Salvación, pero es un regalo que pocos reciben. Como afirman
Lawrence Richards y Gary Bredfeldt, maestros y estudiantes de la Biblia, en el
libro que escribieron, Enseñemos la Biblia Creativamente, “En Cristo, Dios hace provisión para todas las personas, pero su
provisión se hace eficaz solo para los que creen (2 Corintios 5: 19-20)”[1]
Dios provee salvación para todos los hombres, pero son
pocos los que en verdad obtienen este maravilloso regalo de Dios. La gracia de
Dios, por lo tanto, no es un favor que Dios le hace a todos los hombres para
que sigan haciendo lo malo, pero con la seguridad de que van a ir al cielo,
sino es la oportunidad que tiene el hombre de no ser condenado, de obtener
salvación, vida eterna, por medio de la fe que proviene de Dios. Por lo tanto,
el evangelio es poder de Dios para el que cree, porque el que en verdad cree ha
muerto en sus delitos y pecados por la muerte en la cruz de Jesucristo, dejando
su viejo hombre sepultado, y tiene una nueva vida en Jesucristo gracias a la
resurrección de Jesucristo.
Jesucristo afirmó claramente que el hombre nace alejado de
Dios. En la Biblia está notoriamente escrito que todo hombre nace malo delante
de Dios, aunque sus obras sean buenas, porque el pecado surge en su corazón.
“Contra ti,
contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que
eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas. He aquí, yo
nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre.” Salmos 51: 4-5 (RVR 1960)
Jesucristo murió por nosotros, siendo pecadores y
aborrecidos por Dios. Jesucristo cargó sobre sí mismo todos nuestros pecados,
sin cometer pecado alguno, derramando gota a gota de sangre para que podamos
ser justificados delante del Padre por su redención, mas el poder de Dios lo
levantó de los muertos no dejando su cuerpo sepultado sino solo los pecados de
quienes creen en El, para que en el día postrero seamos resucitados por Dios
para vida eterna.
“El que en él
cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha
creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”
Juan 3:18 (RVR 1960)
[1]
Lawrence O. Richards y Gary J. Bredfelt. Enseñemos la Biblia Creativamente.
Editorial UNILIT (2001), Colombia. Página 72.
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