CREADOS CON PROPÓSITO
Si mi vida no tuviera propósito no tendría sentido, porque el sentido de la vida lo da el propósito. Gracias a Dios que nuestra vida en Él tiene un propósito genuino y verdadero.
Nuestra vida es como un reloj de arena, tenemos contado
cada día de nuestra vida hasta el último. Cuando no haya otro día sobre esta
tierra, para nosotros, es porque ha caído el ultimo gramo solido de arena, pero
la pregunta que nos debe interesar es ¿todo acaba allí? No es posible vivir con
gozo si nuestro pensar es que todo termina en nuestra muerte corporal, por lo
tanto, es necesario vivir en esperanza verdadera, no una que nos hayamos
inventado, sino la verdadera y real. La esperanza es el discurso que más nos ha
fortalecido como humanidad para abolir la esclavitud, radicar los derechos
humanos, convivir como hermanos, pero la mejor esperanza es aquella que cree en
la Eternidad, en el Salvador, en la Redención y en el Amor, es decir la
esperanza que confía en Dios.
La pregunta de ¿para dónde voy? Y ¿en dónde estoy? Son
claves para encontrar ese propósito verdadero, porque de no saber en dónde
estamos no podremos reconocer la ruta indicada, por esta razón es que el Señor
nos ha dado el convencimiento, en un primer momento, de nuestro estado.
“Y cuando él
venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado,
por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me
veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya
juzgado” Juan
16:8-11 (RVR 1960)
Y El, el Espíritu Santo, ya vino y desciende para morar en
cada corazón que ha depositado su fe en Jesucristo. El ser convencidos por el
Espíritu Santo nos permitirá avanzar hacia la eternidad, pero este
convencimiento se logra solo en corazones sedientos y pobres que reconocen su
necesidad del Salvador. Muchos religiosos piensan que solo necesitan a Dios en
ciertas circunstancias de sus vidas, cuando están enfermos, no tienen dinero o
algo similar, pero Dios no es un amuleto de la buena suerte, sino es Superior a
todo lo que existe porque Él lo creó todo.
La necesidad de Dios y de su Salvación son todos los días,
todos los días necesitamos y debemos adorarlo, pase lo que pase, ese es nuestro
propósito eterno, por el cual fuimos creados. Este libro, en su segundo
volumen, se propone a fortalecer los corazones de los creyentes en Cristo Jesús
y en llevar a quienes no lo conocen al arrepentimiento y la fe en el Señor
Jesucristo.
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