¿CÓMO VENCER EL ABURRIMIENTO?

El aburrimiento es según la real academia española: cansancio, fastidio, tedio, originados generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta. Como jóvenes no podemos estar a todo momento distraídos para evitar el aburrimiento porque podría generar nuestra propia destrucción. Estar aburrido es el producto de no valorar el tiempo para usarlo de la mejor manera, pero también es una oportunidad para administrar mejor el tiempo.

El tiempo que el Señor nos ha dado no es para desperdiciarlo sino para administrarlo bien. En Eclesiastés capítulo 3 nos dice el Señor que todo tiene su tiempo. El tiempo no es solo para divertirse, para reír o para hacer lo que más nos gusta. Como hay tiempo para trabajar también hay tiempo para descansar y como hay tiempo para estar con amigos hay tiempo para estar a solas, en completa quietud con el Señor. La única manera de vencer el aburrimiento es entregándole al Señor nuestra vida para que Él sea administrando nuestro tiempo, a fin de agradarle. Aprovecha el tiempo de quietud para orar al Señor dejándole todas tus cargas y preocupaciones en acción de gracias

“Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: en arrepentimiento y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza está vuestro poder…”

Isaías 30: 15 (LBLA)

Salomón, considerado por muchos el “hombre más sabio de la historia” llegó a la siguiente conclusión:

“Así que llegué a la conclusión de que no hay nada mejor que alegrarse y disfrutar de la vida mientras podamos. Además, la gente debería comer, beber y aprovechar el fruto de su trabajo, porque son regalos de Dios. También sé que todo lo que Dios hace es definitivo. No se le puede agregar ni quitar nada. EL PROPÓSITO DE DIOS ES QUE EL SER HUMANO LE TEMA. Los sucesos del presente ya ocurrieron en el pasado, y lo que sucederá en el futuro ya ocurrió antes, porque Dios hace que las mismas cosas se repitan una y otra vez.”

Eclesiastés 3: 12-15 (NTV)

El temor al Señor no significa tenerle miedo, sino reverencia, respeto y honra. En el miedo no obra el amor pero en el temor a Dios el amor se enciende como un fuego ardiente en nuestro corazón, porque es este la llenura del Espíritu Santo que nos lleva a proclamar el evangelio sin miedo a lo que puedan hacernos. Así como Elías exaltó el nombre de Dios en medio de un pueblo rebelde, nosotros debemos hacerlo, aunque nos desprecien por seguir a Jesucristo.

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