CARTA PARA EL MISIONERO

La siguiente carta es un mensaje, específicamente para aquel o aquella que está sirviendo a Dios:

“Quería saludarte y decirte cuan hermoso y admirable es el trabajo en que te ocupas. Oro mucho para que Dios te de las fuerzas para resistir al maligno, para reprender las obras de las tinieblas y para no cansarte de hacer el bien. Recuerda que siembras en el cielo y estos tesoros son más valiosos que cualquier otro.

Sé que sabes que esta misión te la dio Dios como nos la dio a nosotros por lo tanto te animo a no cansarte de hacer el bien porque Dios, Juez justo, te coronara en aquel día tan esperado por muchos.”

 

DESOCUPANDO EL INFIERNO

Las tribus indígenas que puede haber en un país son significativamente muchas. Estas tribus son el resultado de años de resistencia. Por lo tanto, el evangelio en una tribu no puede darse de forma arbitraria sino con entendimiento, pero mayormente en amor, mas para que el amor se perfeccione en nosotros es necesario alimentar el espíritu a través de la Palabra de Dios. Si no tienes un conocimiento verdadero del evangelio y de la comunidad indígena, entonces lo mejor que puedes hacer es orar a Dios por esa comunidad, andes de pensar en ir, a fin de que Dios sea preparándote para su Obra.

Sería de gran utilidad que hagas un trabajo etnográfico, es decir, ir a la comunidad indígena habitando entre ellos, para aprender con ellos de su propia historia, costumbres, y demás conocimientos, a fin de poder entender su lenguaje y compartirles con la mayor claridad posible el evangelio. Este trabajo lo puede hacer un antropólogo, hasta puede llegar a hacerlo mejor que tú, pero quien hace la diferencia entre un antropólogo, un católico, un musulmán o cualquier otro similar, a un obrero de Dios, es Jesucristo. Tú no vas con el fin de hacer un trabajo etnográfico sino el propósito principal es establecer el Reino de Dios entre ellos por medio del verdadero y único evangelio, por lo tanto, cultiva la verdadera enseñanza de la Palabra de Dios para presentarte ante Dios como obrero aprobado que no tiene de que avergonzarse, porque usa bien la Palabra de Verdad (La Biblia).

No es complicado ni difícil permanecer en unidad, es imposible, pero recordemos que LO IMPOSIBLE PARA NOSOTROS ES POSIBLE PARA DIOS. Solo en El podemos permanecer en UNIDAD por medio de la obra perfecta de Jesucristo. Nosotros somos muy diferentes y esto muchas veces genera pleitos entre nosotros, aun así nos necesitamos unos a otros y todos necesitamos a Cristo, comprendamos también que amar no es esperar recibir, sino es actuar y servir sin pensar nunca en ser servido, por ello es responsabilidad de cada uno de nosotros cumplir nuestros deberes con amor, teniendo un cambio primeramente por mi (individualmente) y, muy seguramente, así Dios nos permitirá ver un cambio en nuestro entorno o alrededor.

Busquemos siempre trabajar en equipo, como familia, en esta maravillosa obra de Jesucristo, siendo COMUNIDAD. Animémonos, exhortémonos, fortalezcámonos como hermanos en Cristo y no seamos nunca piedra de tropiezo para nuestro hermano, sino seamos humildes, perdonándonos cuando nos hayamos equivocado, sin esperar que el otro lo haga primero y, pongamos siempre nuestra mirada en el cielo, donde está Jesucristo esperándonos.

Recordemos que somos un cuerpo, somos miembros los unos de los otros; somos Iglesia.

"Por lo cual dice: despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.”

Efesios 5:14 (RVR 1960)

Como Iglesia nuestra labor es sencilla: andar bajo la dirección de Jesucristo, porque Él es la cabeza y nosotros su cuerpo. Es ahora el tiempo de que nos unamos y empecemos a trabajar dirigidos por el amor de Jesús en la obra tan hermosa de ir y desocupar el infierno, sacando todas estas almas cautivas, para ir y llenar el cielo, entregándolas a nuestro Señor Jesucristo, sabiendo bien que nosotros (Iglesia) no somos islas, sino que Dios encargó su obra a la Iglesia y no a unos pocos.

 “Estamos viviendo tiempos muy importantes, y ustedes han vivido como si estuvieran dormidos. ¡Ya es hora de que despierten! Ya está muy cerca el día en que Dios nos salvará; mucho más cerca que cuando empezamos a creer en Jesús.  ¡Ya casi llega el momento! Así que dejemos de pecar, porque pecar es como vivir en la oscuridad. Hagamos el bien, que es como vivir en la luz. Controlemos nuestros deseos de hacer lo malo, y comportémonos correctamente, como si todo el tiempo anduviéramos a plena luz del día. No vayamos a fiestas donde haya desórdenes, ni nos emborrachemos, ni seamos vulgares, ni tengamos ninguna clase de vicios. No busquemos pelea ni seamos celosos. Más bien, dejemos que Jesucristo nos proteja.”

Romanos 13:11-14 (TLA)

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