AUN ASÍ HAY ESPERANZA
Todos nosotros empezamos mal en este mundo pero podemos terminar bien, por eso, muchas veces no es como viviste sino como moriste. La maldad del hombre no es mayor para unos y menor para otros sino es igual de mala para todos, por lo tanto, no podemos creernos mejor que otros por nuestro color de piel, por nuestros estudios, por nuestras ideologías o doctrinas morales. Hemos usado mal las herramientas naturales que Dios nos ha dado, como por ejemplo: la conciencia, que nos enseña distinguir lo bueno de lo malo. Hitler manipuló su conciencia de tal manera que justificó su codicia por dominar el mundo con la mentira de una “raza superior”. El fascismo que se inició en Italia estuvo fundamentado en imponer un solo gobierno, una sola ideología y un solo pensamiento al pueblo, por lo que concluyó en muertes, traiciones y persecuciones, pero nunca logró unificar al pueblo.
“El Fascismo es una gran
movilización de fuerzas materiales y morales. ¿Qué se propone? Lo decimos sin
falsas modestias: gobernar la nación. ¿De qué modo? Del modo necesario para
asegurar la grandeza moral y material del pueblo italiano. Hablemos francamente:
no importa el modo concretamente, no es antiético, ni convergente con el
socialismo, sobre todo aspira a la reorganización nacional y política de
nuestro país. Nosotros cambiamos los valores tradicionales, que el socialismo
continúe o desaparezca, pero sobre todo, el espíritu fascista se refugia en
todo lo que es arbitrario sobre el misterioso futuro”
*Benito
Mussolini, 19 de agosto de 1921 — Diario della Volontà
Mussolini,
gobernante dictatorial de Italia, describió el fascismo como una excusa
ideológica para gobernar la nación, su gobierno maquiavélico solo quería
controlar la nación “no importa el modo
concretamente”. El falso nacionalismo que inquiere una identidad de
superioridad o distinción con respecto a otra nación es uno de los más graves
problemas que enfrentamos en la actualidad en nuestros países.
El
etnocentrismo, racismo o racialismo son ideas de superioridad e inferioridad
con respecto al otro. La mejor forma de ver reflejado este pensamiento es por
nuestros hechos. Cuando actuamos como
burladores, necios e insensatos recordemos que no somos tan diferentes a
Hitler, Lenin, ni a algún otro perverso como habíamos pensado. Todos los seres
humanos que se encuentren alejados de la gracia de Dios son asesinos,
idolatras, violadores, mentirosos, adúlteros y fornicarios en potencia. Solo la
gracia de Dios puede salvarnos de la condenación que merecemos. La gracia es el
regalo maravilloso de la salvación. ¿Salvación de qué?
Nosotros
desde que nacemos estamos lejos de nuestro Creador porque la maldad de nuestros
padres nos ha contaminado, por lo tanto es natural que desobedezcamos los
mandamientos de Dios. Estar alejados de la presencia de Dios produce tristeza,
vacíos e incertidumbres en nuestro corazón que tienen su final en prisiones de
tristeza, dolor y llanto eterno. Nosotros necesitamos ser salvos de esta
condenación que merecemos y a la que nos dirigimos. Jesucristo vino a este
mundo para salvarnos de esta condenación.
Solo
debes creer en el Hijo de Dios: Jesucristo. Jesucristo, Dios mismo, vino a este
mundo para morir en tu reemplazo y así justificarte delante del Padre. Cree con
sincero arrepentimiento en lo que Jesús ya hizo por ti.
Aquel
que ha muerto a su viejo hombre para nacer de nuevo debe saber que tiene una
nueva vida en Cristo (Lee Juan capítulo [el numero grande] 3 [las veces que
sean necesario]).
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